Cataluña, punto de no retorno

España, Cataluña, ¡nos queremos!

Hoy es el día.

El "problema catalán" ha llegado a un punto de no retorno. Y ha sido hoy. La insoportable manipulación, ante la que la ciudadanía no estamos sabiendo reaccionar, nos aboca a todos al abismo a una velocidad vertiginosa.

La ausencia de una auténtica democracia es lo único que justifica la escandalosa ineptitud de nuestros representantes en todos y cada uno de los ámbitos.

Y sólo esto permite que su negligente gestión no vaya a pasarle factura a ninguno de ellos. Por lo que parece, nosotros, como sociedad, no estamos por la labor de reclamarles esa responsabilidad que nos deben. Ni, por supuesto, podemos esperar que los partidos o bandos políticos de los respectivos reconozcan sus errores o exijan rectificaciones. Mucho discurso y, a la hora de la verdad, ninguna altura política en beneficio de la ciudadanía. Tan sólo dislates, a cual mayor que el anterior.

Durante mucho tiempo, ambas partes han estado jugando a la provocación mutua. Lo único que buscaban lograr es aquello que (se supone) la sociedad estaba reclamando evitar.

Ahora, ambos han logrado lo que buscaban. Y ya no hay vuelta atrás. Seguramente ambos estarán muy satisfechos, pese a disimularlo con un pésimo teatro manipulador.

Unos fingen tender la mano cínicamente (guante de seda con mano de hierro). A su vez, los otros se fingen víctimas e intentan cargarse de falsas razones de cara a la galería. Ambos siguen jugando, simplemente, a la manipulación que todos les permitimos. Trsitemente, nos hemos acabado creyendo que la Democracia se reduce a este juego.

Los de cada bando la permiten por interés egoísta, amparándose en su supuesta "ideología". Y los que no militamos en bandos, por nuestro "buenismo". Reclamar diálogo a dos que van de matones no va a impedir que se peleen. Alzar entre ellos una bandera con un corazón no forzará una tregua, porque ninguno de los dos la desea. Están muy bien las buenas intenciones, pero no bastan para evitar la tragedia. Necesitamos imponernos con cierta autoridad ante las dos partes enfrentadas. Y no estamos en eso.

En definitiva, nos sigue faltando compromiso democrático.

No me digan que los equidistantes movimientos civiles #ParlemHablemos han hecho resurgir el 15-M, porque me da la risa.

La ciudadanía tampoco estamos a la altura. Y ahora, todos vamos a sufrir las consecuencias.

El anuncio de Rajoy de suspender la autonomía catalana aplicando el artículo 155 de la Constitución y dar a conocer en qué plazo lo hará, a sabiendas de cuál es la hoja de ruta secesionista, es nuevamente dejar en bandeja a la otra parte el próximo movimiento. Y contribuir a crear una mayor inseguridad jurídica, por si la que ya existe en torno a un 155 no desarrollado por leyes aún no fuera suficiente.

De modo que, salvo sorpresa, paralelamente al Consejo de Ministros extraordinario del sábado tendremos (ahora sí) una declaración unilateral de independencia (DUI) aprobada con carácter de urgencia en el Parlamento catalán.

Y será proclamada por cargos públicos electos y legítimos, que aún no han sido destituidos de sus cargos, dado que el 155´podría hacerlo, pero a posteriori.

A partir de ese momento, se habrá generado un nuevo conflicto innecesario, que para muchos pondrá en tela de juicio la legitimidad de una convocatoria de elecciones autonómicas en una Autonomía suspendida y, además, con una declaración de independencia ya proclamada por cargos que estaban habilitados, aun cuando actuaban contra una Ley y unas decisiones judiciales que se niegan a reconocer y acatar.

La torpeza histórica no puede ser más descomunal.

¿Qué puede venir después?

Tras la ruptura total y los hechos consumados, ya todo es esperable. Y, por eso, prefiero detener aquí mi análisis, porque se me ponen los pelos de punta.

¡Democracia! Sólo clamamos Democracia.

Ni falso patriotismo, ni nacionalismos miopes y tramposos. Ambos representan al mismo totalitarismo.

Ambos son herederos de una forma de entender la política muy alejada de la Democracia participativa. Recurren a la trampa de la representación y el uso de las instituciones para perpetuar un régimen de corrupción amparada en el respaldo de las urnas. ¿Seguiremos llamándole a eso Democracia?

¿Hasta cuándo seguiremos delegando en quien, de antemano, sabemos que va a traicionarnos? ¿Por qué estamos dispuestos a pagarlo siempre tan caro? ¿Qué parte es la que no estamos entendiendo?

Se acabó. Democracia. Sólo exigimos Democracia

Y desde ella, abandonar imposiciones y chantajes, y empezar a respetar las decisiones de todos y cada uno de nosotros, los afectados y principales implicados.

Sólo de ti y de mí depende que veamos llegar ese día. Ojalá también fuera hoy.

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Contexto:

 

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