independencia

Cataluña, punto de no retorno

España, Cataluña, ¡nos queremos!

Hoy es el día.

El "problema catalán" ha llegado a un punto de no retorno. Y ha sido hoy. La insoportable manipulación, ante la que la ciudadanía no estamos sabiendo reaccionar, nos aboca a todos al abismo a una velocidad vertiginosa.

La ausencia de una auténtica democracia es lo único que justifica la escandalosa ineptitud de nuestros representantes en todos y cada uno de los ámbitos.

Y sólo esto permite que su negligente gestión no vaya a pasarle factura a ninguno de ellos. Por lo que parece, nosotros, como sociedad, no estamos por la labor de reclamarles esa responsabilidad que nos deben. Ni, por supuesto, podemos esperar que los partidos o bandos políticos de los respectivos reconozcan sus errores o exijan rectificaciones. Mucho discurso y, a la hora de la verdad, ninguna altura política en beneficio de la ciudadanía. Tan sólo dislates, a cual mayor que el anterior.

Durante mucho tiempo, ambas partes han estado jugando a la provocación mutua. Lo único que buscaban lograr es aquello que (se supone) la sociedad estaba reclamando evitar.

Ahora, ambos han logrado lo que buscaban. Y ya no hay vuelta atrás. Seguramente ambos estarán muy satisfechos, pese a disimularlo con un pésimo teatro manipulador.