Las redes sociales no son responsables de asesinatos, miseria moral o falta de calidad democrática

Siento vergüenza, mucha vergüenza. Pero ajena. De unos y de otros, de todos en general.

A media tarde de ayer una mujer asesinó a Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León y del Partido Popular en esta provincia.

Horas más tarde tuve que cerrar Twitter. No soportaba seguir leyendo barbaridades a costa de un asesinato, muchas de ellas procedentes de gente muy joven. Me invadió la tristeza, la impotencia más absoluta.

Preferí refugiarme en el silencio y lamentar, con tremenda pesadumbre, el desolador panorama al que ha quedado reducido este país llamado España.

Como lo lamenté cuando algunos se alegraron por el accidente grave de Cristina Cifuentes, quien debería ofenderse menos y entender el porqué de tanta inquina contra ella. No, no es una cuestión política, sino moral.

Hoy me apena, nuevamente, descubrir que un nada despreciable grupo de personas, si es que merecen ser llamadas así, se siguen alegrando del asesinato de lo que para ellos es "una pepera". Y me cuesta trabajo creer que alguien haya compuesto una canción para celebrarlo, mientras varios insensatos se unen a la celebración y difunden el vídeo.

Afortunadamente, son una minoría. Están incurriendo en una apología violenta del delito de asesinato, y no me cabe ninguna duda de que el autor de ese despropósito será detenido. Por mucho menos se ha juzgado y detenido a otros jóvenes recientemente.

Quede muy claro que su delito no es su libertad de expresión, que la tienen (y deben seguir teniendo) garantizada. A pesar de todo, no podemos dejar de defender eso.

Hagamos que las leyes garanticen la convivencia, que es su propósito. Y es obvio que asesinar o apoyar el asesinato debe ser penado en una democracia. Es de sentido común.

Iguales ante la Ley, en una Democracia sin mordazas

Dicho lo cual, las leyes no deberían hacer distinción con quienes practican otras apologías y defienden, permiten o provocan con sus actos conscientes el sufrimiento de personas. Por desgracia, muchos responsables "indignos" deberían estar en la cárcel y aún no lo están. Porque las víctimas no sólo mueren por disparos, dejemos esto bien claro. No seamos tan hipócritas. Precisamente ahí está el origen de nuestros problemas.

Y ahora, al PSOE le falta tiempo para pedir una regulación de las redes sociales, tras los "comentarios indignos" vertidos a raíz del asesinato de ayer.

La cuestión es: ¿tiene internet alguna culpa de todo esto? Es obvio que no. Y quien aproveche las circunstancias para intentar aplicar su mordaza, ha de ser señalado, "escrachado", reprobado, pues a todos nos agrede y amenaza.

Si el cerrar las redes sociales es para ustedes, señores del PP y PSOE, la mejor solución que pueden aportar a los gravísimos problemas que le han creado a este país, y que tanto sufrimiento producen, adelante con ello.

Cállennos la boca, en las redes y en la calle. Dicten sus leyes, sigan prohibiendo y reprimiendo. Continúen hundiéndonos en el fango. No se detengan, por favor. Sigan ustedes mirando hacia otro lado. Aún cabe mucha más mierda bajo sus alfombras. Sigan matando al mensajero; ése es el primer recurso del incapaz. Pero sobre todo, no dejen de huir hacia adelante. Para algo el poder sigue en sus manos.

Al fin y al cabo, los ciudadanos seguimos asumiendo en exclusiva cualquier responsabilidad derivada de sus actos indignos. Sí: indignados contra indignos. ¿Cuánto más durará este juego?

Dado que el delito ya está perseguido y existen medios más que suficientes para localizar y detener a un delincuente, el político que pretenda –bajo el pretexto que sea– destruir la libertad de expresión o atentar contra nuestros derechos más básicos ha de abandonar su cargo de inmediato, aunque sea sólo por insinuarlo. Sí, inmediatamente; señor diputado Martínez Olmos. Usted y quien quiera que le secunde en sus pretensiones, sea del PSOE, del PP o de cualquier partido.

Entretanto, esto se derrumba a toda velocidad. Se nos está cayendo a todos encima. Y constatado el panorama, espero que ya nadie se sorprenda de los resultados más que previsibles del próximo 25 de mayo en las urnas. Qué inutilidad de democracia. Qué asco, pena y vergüenza... Qué total impotencia.

Confío en que, más pronto que tarde, terminemos aprendiendo y demos un golpe de timón a esta nave a la deriva. Es posible hacerlo, e incluso diría que sencillo. Sólo que, por ahora, no queremos enterarnos. Somos así de tontos, tercos y torpes. Pero cambiaremos. Aunque sea a la fuerza. Nos va la vida en ello, literalmente.

Imágenes:
El cuerpo sin vida de Isabel Carrasco yace sobre el puente donde fue tiroteada, antes de su levantamiento. (Agencia EFE)

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