Transición

Adiós, Suárez. Adiós, Transición. Hola, Democracia.

Es obligado referirme a Adolfo Suárez en el día de su despedida.

Ese hombre sobre el que tantas barbaridades están vertiendo algunos estos días desde las redes sociales (y es que el desconocimiento es muy atrevido), y sobre el que también se están lanzando elogios seguramente gratuitos, asumiendo mitos de esta Democracia nuestra de cartón piedra con la que aún se pretende seguir decorando un vertedero putrefacto que se ha vuelto casi inhabitable.

Todos mis respetos por la figura de Suárez y su valentía en un período crítico para España, en aquella España más plural, en la que existían más posiciones que las izquierdas y las derechas. Pero quiero hacerlo prescidiendo de mitos y desde la distancia que imponen los muchos enigmas que se nos ocultan sobre un período histórico llamado Transición democrática. Y si aún se nos ocultan, será por algo.

Con Adolfo Suárez muere también la Transición iniciada por el régimen de 1978. Y se muere por agotamiento. Agoniza por falta de cuidados y por un maltrato intensivo de la Constitución.

Sin memoria, no somos nada.